|
Tengo que reconocer que cuando llegué a Argentina por motivos profesionales para pasar un año, conocía muy poco del “ambiente” que me iba a encontrar. Mas allá de conocidos estereotipos de bailarines de tango engominados, había oído hablar de la ineludible fama de los argentinos como exitosos amantes latinos (con lo que ello conlleva en la vieja y fría Europa), y sobre su más temible arma a la hora de hacer caer al resto de los mortales en sus redes, su ágil y siempre lista...facilidad de palabra.
Al principio entre otras cosas me sorprendió la utilización de diversas palabras por parte del colectivo gay local para definirme y definirse. De repente me transformé en “gallego”, aunque no nací en Galicia, y en “puto”, término que en mi tierra suena a una profesión más que a una opción sexual, y es equiparable en la diferenciación de significado a la tan recurrente e inofensiva “concha” española con su fuerte homónima argentina.
Asumido el valor de las palabras y sus diferentes significados, me encontré con un país en el que los hombres (hasta los más aguerridos gauchos patagónicos) se saludaban con cordiales besos, cosa que agradecí y que sólo había visto en latitudes menos occidentales.
Buenos Aires, ciudad de contrastes, prepotente y mundana, me fue mostrando a través de numerosos guiños, multitud de códigos de un colectivo amplio, variado y con una visibilidad creciente. Argentina es mucho más que Buenos Aires, me decían, y efectivamente en lo geográfico no cabe duda, sin embargo en lo que nos atañe en esta nota, el peso porteño en cuanto a activismo y visibilidad es más que relevante. La legislación porteña para sorpresa de muchos foráneos, reconoce la unión civil entre personas del mismo sexo, otorgándolas un marco jurídico que aunque no equiparable al matrimonio español, es bastante más que la persecución y el vacío legal que existe en muchos países. El creciente papel reivindicativo y organizativo, del que fui testigo en la marcha local del orgullo, me mostró a un colectivo con muchas ganas por hacer cosas nuevas y por ocupar el lugar que le corresponde.
|