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¿Perdiste una noche entera hablándole a alguien que voló ni bien se enteró que tu teléfono no empezaba con 8? ¿Temés ir al baño de tu casa, volver y encontrar que el bello chico que metiste en tu casa se haya ido con todo tu dinero? ¿Sentís que el amor de tu chongo es un mero acto comercial digno de aparecer en el artículo 8º del Código de Comercio? Pagar por sexo no está mal, pero a veces hay que tomar ciertas precauciones. Con estos "pu-tips" aprendé a detectar cuándo el puto está ejerciendo el oficio más viejo del mundo.
Instinto: Sí, otra vez. Es la voz que nos advierte que algo no está bien. La sensación de "muy bueno para ser verdad" o "¿Justo me vino a hablar a mí?" puede parecer inseguridad, pero muchas veces es nuestra intuición que nos avisa de que las cosas no son lo que parecen.
Su vestimenta: Prestá atención a las musculosas ajustadas, a los pantalones camuflados, el cuero, la lycra y todas esas prendas sospechosamente provocativas.
Su parada: Al gato, como a los taxis, se lo ve parado solo y con las manos en los bolsillos, en una actitud reservada (no va a estar haciendo ridiculeces ni a las carcajadas), se los ve alegres y con actitud abierta a charlar con la gente.
El diálogo: Lo que un gato debe averiguar es si está hablando con alguien de buenos recursos o con un nadie. Para eso intentará averiguar dónde vive la persona, si tiene auto, con quién vive (si vivís en familia, NEXT!), de qué trabajás (¿Qué hacés de tu vida?). Si el tipo capta la onda, hasta pueden terminar arreglando el precio en la barra.
Precauciones: Si sospechás que quien te vino a levantan en realidad te quiere vivir pero igual tenés ganas de estar con él (y él casualmente es muy rápido), vayan a un telo pero nunca a tu casa. Si arreglaron para verse después, anotá vos su celular
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